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Cultura La Palma

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El ciclo de las fiestas de La Palma comienza con la Navidad y Epifanía y termina a final de año sin apenas dejar respiro al gozo de los palmeros. Rara es la semana en la que no se enfrenten dos equipos de nobles luchadores en un terrero de lucha, no actúe un grupo folclórico en cualquier rincón, no peleen por la victoria dos caballos en una carrera sobre el asfalto, no se extienda el olor a carne de cochino de los ventorrillos ni se ponga patas arriba un pueblo preparando, amoroso, su romería. Son muchas las fiestas, en forma de expresiones rituales comunes a otros lugares de España (Semana Santa, Corpus, vírgenes y santos de verano), o bajo una dimensión única y extraordinaria (Bajada de la Virgen de las Nieves, Moros y Cristianos de Barlovento y el Diablo de Tijarafe, entre otras) que refuerzan la certeza de que somos muy parecidos, pero también muy diferentes. Cercanas a sus protagonistas, que las viven intensamente, pero abiertas –como toda la isla- a quienes de fuera se acercan con cariño y respeto, las fiestas constituyen uno de los argumentos definitivos para disfrutar de La Palma. Y para regresar siempre de nuevo a ellas.

  •  Navidad:

    Nacimiento costumbrista, San Andrés.

 En Nochebuena, en la iglesia de San Andrés, en el municipio de San Andrés y Sauces, una enorme tela azul desplegada en el arco del presbiterio recibe a los fieles. Tras ella se oculta un retablo barroco ante el cual se levanta un nacimiento costumbrista que data, al parecer, de finales del siglo XIX. Cada año, antes de la misa del Gallo y al son de las castañuelas, el tambor, la rasqueta (instrumento de madera con dientes que se rasca con una caña) y la flauta, se desvela el misterio y aparecen ataviadas con la vestimenta tradicional las figuras en madera de pastores, leñadores, tejedoras, campesinos, aguadoras, toneleros, hilanderas, todos los oficios del campo palmero.

De entre las montañas del paisaje surgen seis niñas vestidas de ángeles cantando e invitando a los pastores a que vengan a adorar al Niño Dios. Más tarde se les incorpora un joven, que representa a un arcángel, cantando y recitando unos versos, a los que responde uno de los pastores que se encuentra en la choza improvisada en el coro de la iglesia, totalmente cubierta de fayas (árbol muy frondoso, de gran altura). Vestidos a la manera tradicional, los pastores comienzan a salir desde allí y van dirigiéndose lentamente hasta el nacimiento cantando, acompañados de guitarras, timples, bandurrias y violín, cantando el villancico Las Glorias del Edén, conocido también por Vamos, pastores, vamos. Ya delante del nacimiento, pastores y músicos suben hasta el portal para depositar ante el Niño las ofrendas (una manta de lana, naranjas, miel, palomas y hasta un cordero) descritas en sus versos.

Auto de Reyes Magos, Garafía.

 Las pequeñas calles de Santo Domingo se llenan la noche del 5 de enero de chiquillos a los que el corazón les late de emoción y de nervios. Acompañados de pajes ricamente vestidos, los tres Reyes Magos aparecen por una de las vías principales dialogando entre sí hasta que se encuentran con Herodes en su palacio, quien les intimida para luego demandarles que regresen con noticias de la búsqueda del Niño Dios. El cortejo de Oriente se dirige entonces a la iglesia, donde se les aparece en sueños un ángel, invitándoles a adorar a Jesús, a quien entregan sus ofrendas. Después, los tres Magos deciden no regresar al palacio de Herodes; a partir de ese momento, la representación continúa con el canto de villancicos y una danza de cintas en el interior de la iglesia.

La influencia de este auto de Reyes magos garafianos se deja sentir claramente en otras representaciones similares de Canarias.

  • Carnavales.

 El Carnaval de Santa Cruz de La Palma comienza el viernes anterior al Miércoles de Ceniza y se prolonga hasta la noche del sábado y madrugada del domingo siguiente —el Domingo de Piñata—, con un variado programa en el que no faltan su apertura con un desfile infantil, las tradicionales verbenas en la calle, los bailes nocturnos en el Real Nuevo Club Náutico, el Casino y la Sociedad de Recreo La Investigadora, un concurso de disfraces o el entierro de la Sardina. Pero qué duda cabe de que la fama y originalidad del Carnaval de Santa Cruz de La Palma ha sobrepasado las fronteras insulares gracias a las celebraciones que tienen lugar durante el Lunes de Carnaval.

Por un día, toda la ciudad revive multitudinariamente la llegada de los indianos, nombre con el que se conocía en Canarias a los isleños emigrados a América que retornaban a las islas. La importancia de la emigración palmera a la isla de Cuba dio como resultado esta fiesta, que retrata el arribo al puerto palmero de los emigrantes que hicieron las Américas en la isla caribeña.

Este día una curiosa batalla de polvos de talco recibe a los indianos que regresan de las Américas portando jaulas con loros, baúles, gigantescos habanos, esclavos, leontinas y espejuelos, mientras la música caribeña no para de sonar. Las monumentales calles O'Daly y Pérez de Brito soportan estoicamente a los empolvados y pasarán algunos días antes de que sus adoquines vuelvan a su estado original. A principios de los años sesenta, dos palmeros enamorados de sus fiestas, Yolanda Cabrera y Alfredo Pérez Díaz, empezaron a parodiar a los indianos, los emigrantes ricos que regresaban a La Palma elegantemente vestidos con blondas y encajes, trajes de impecables linos blancos, coches descubiertos y niños ataviados de marinerito. En un principio, los polvos de talco estaban alejados de este cortejo decimonónico, pero a comienzos de los años ochenta, los indianos se agregaron al programa oficial del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, entremezclándose con la tradición carnavalera de los polvos de talco.

En el municipio de Los Llanos de Aridane, los polvos de talco -al igual que en el resto de la isla- se tiran espontáneamente y por sorpresa, se conozca o no al sufrido espectador. En 1993 se incorporó al programa oficial de festejos la añeja tradición de Las Viejas a Caballota, figuras dobles -una de ellas falsa- mitad viejas y mitad caballeros, que simulan ir montados a caballota sobre las viejas y que bailan una polka grotesca compuesta por el palmero Juan García.

  •  Semana Santa.

 Tijarafe.

Cuando en la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria, en el municipio de Tijarafe, se canta el Gloria de la misa de Pascua, cae el telón que oculta su magnífico retablo barroco y surje la imagen de Jesús Resucitado, abriéndose al unísono las puertas del templo en medio de un gran estruendo, repicando las campanas y resonando el tambor (aquí llamado caja de guerra) mientras un grupo de jóvenes presidido por un estandarte irrumpe en el templo arrojando pétalos de flores a los feligreses. Al llegar al altar mayor se arrodillan y culminan así su alegre y bulliciosa expresión de Aleluya.

En la tarde del Domingo de Resurrección la Procesión del Encuentro, con Cristo Resucitado, recorre las calles empedradas de Tijarafe. Por diferentes caminos las santas mujeres y San Juan acompañan a la Virgen. Los primeros se adelantan al comprobar que Jesús, su amigo y maestro, ha resucitado. Los portadores de los pasos, al llegar ante Él, le hacen tres venias (genuflexiones) y gira inmediatamente a San Juan para emprender una veloz carrera hacia la Virgen para darle la buena nueva. Tras el encuentro de la Virgen con su Hijo, después de dos venias y una tercera en la que el sacerdote saca del pecho de la Virgen la daga de plata, símbolo de su dolor, el silencio que hasta entonces envolvía la procesión, se rompe con los tambores y las campanas, que comienzan a tocar a Gloria.

San Andrés y Sauces.

En San Andrés, después de la misa del Domingo de Resurrección, se repite almediodía un encuentro similar al de Tijarafe, tras el cual continúa la procesión hasta la iglesia acompañada por los fieles y niños con ramos de gacios, una planta silvestre de flores amarillas. Terminada la procesión, los niños hacen un pasillo frente a la puerta de la iglesia y aguardan la salida del sacerdote, al que reciben con gran griterío y fustigan con los gacios, obligándole a protegerse la cabeza con las manos y a refugiarse rápidamente en la casa parroquial, desde donde éste lanza a los niños monedas, caramelos y estampas.

  •  Corpus.

Entre mayo y junio se celebra cada año en la Villa de Mazo el Corpus Christi, el gran acontecimiento que combina el fervor religioso y la expresión artística y artesanal de sus vecinos. El origen de esta festividad proviene de una antigua tradición de época renacentista en la que se utilizaban los altares, arcos y carros triunfales en las celebraciones que tenían lugar. Caracterizado desde 1.873 por la confección de alfombras, pasillos y la decoración de altares, las estructuras del Corpus Christi experimentaron modificaciones a partir de 1.950 en su construcción, diseño, estilos y temática, constituyéndose gracias al ingenio y a la inventiva del pueblo macense en una fuente inagotable de recursos artesanos y artísticos para deleite y disfrute de todo el que lo visita, mérito que le ha valido su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Gracias a su valor artístico y simbólico, el Corpus de la Villa de Mazo es un poderoso foco de atracción con un rico contenido de elementos visuales y escenográficos que responden a la representación de motivos relacionados con el sacramento de la Eucaristía. El Santísimo se multiplica en su paso por el pasillo alfombrado en sagrarios y custodias, cruces y candelabros, estandartes y jarrones, haciéndose presente en palomas y pavos reales, cisnes y gaviotas, peces y corderos. Se representa también la imagen de San Blas o de San Lorenzo y de la Virgen de las Nieves, patrona insular y alcaldesa perpetua del municipio. Con todos estos recursos se forma el tejido floral que personifica la imagen divina en la estampa de pasillos, alfombras, descansos y tapices, en una amplia manifestación museística al aire libre que ofrece una extraordinaria muestra de arte sacro a lo largo de las calzadas de piedra, cuya pendiente se ve dignificada por la presencia de estas creaciones efímeras que honran el misterio sacramental.

  • Fiestas de Mayo.

La Santa Cruz.

La víspera del 3 de mayo, cientos de cruces que señalan el encuentro de los caminos o coronan algunas de las montañas por toda la isla, son vestidas en tela o papel y adornadas con flores y velas a sus pies. En su devoción truenan los voladores.

En el municipio de Breña Alta, la gran devoción por las cruces se remonta, al parecer, a un hecho que sucedió en el año 1.622, visto como milagroso y relatado por el historiador Viera y Clavijo, quien dice, en relación a dos cruces que se encuentran en la iglesia de San Pedro, que las "halló un negro en el tronco de un laurel, estándolo cortando". Entre los estrechos y sorprendentes caminos de Breña Alta, entrecruzados y angostos, al llegar el mes de mayo, sus decenas de cruces de madera son vestidas con telas lujosas y cubiertas con joyas en una singular fiesta de disputa por la mejor cruz, la más bonita y más rica.

Al amanecer el viejo oro cubano con las imágenes de la Virgen del Cobre y la Virgen de Regla prendidas en las telas refulge como minúsculos rayos sobre la cruz, junto con otro oro de más reciente llegada a La Palma, el de las medallas de la Virgen venezolana del Coromoto y el de las joyas que reproducen orquídeas, en medio de una cascada de brazaletes, cadenas y zarcillos. Las cruces se depositan sobre efímeros alfares cargados de símbolos religiosos. Es frecuente encontrar no sólo representaciones bíblicas, sino también enanos de la Bajada de la Virgen, barcos, molinos y tahonas; incluso, en 1985, coincidiendo con la inauguración del complejo astrofísico de El Roque de los Muchachos, se pudo ver una cruz rodeada de las cúpulas, a escala, de los observatorios. A su lado, en un improvisado banco los devotos de cada una de las cruces hacen guardia durante toda la noche del 2 al 3 de mayo.

En Santa Cruz de La Palma, la fiesta de las cruces conmemora también la fundación de la ciudad, el 3 de mayo de 1.493, y su onomástica. Este día se recuerda la culminación de la conquista de la isla por parte del Adelantado de Canarias, Alonso Fernández de Lugo, con procesión de una magnífica cruz de plata de 1.865, de la iglesia de El Salvador, y del pendón de la ciudad. Durante la víspera, los devotos cambian la tela a las cruces que descansan sobre las paredes de la urbe renacentista, sustituyéndola por otra nueva y formando en ocasiones plisados y dobladillos vistosos. Después, las engalanan con joyas y flores. Al lado de la cruz, e incluso a veces en balcones y azoteas, aparecen los mayos, grotescos muñecos (machangos para los palmeros) que representan diversas escenas, algunas relacionadas con la vida tradicional y otras con la actualidad.

  • San Antonio del Monte.

Garafía

El acto más destacado de estas fiestas es la feria de ganado que se celebra en San Antonio, desde al menos el año 1.925, a la que acuden en multitud palmeros y forasteros. El sábado más próximo al día 13 de junio, San Antonio del Monte bendice el ganado en una feria de ámbito insular donde concursan reses de raza palmera y reses foráneas, así como ganado menor –cabras, ovejas, mulos y caballos–, junto a una muestra de los mejores ejemplares de perro pastor garafiano, perro éste de cualidades únicas para el pastoreo. Del mismo modo, también se celebra un concurso de los quesos de la zona.

Las imágenes del patrón, San Antonio de Padua, y de San Isidro, desfilan en procesión entre altos arcos de madera recubiertos de hojas de helechos que, a modo de calle improvisada, marcan la entrada a la iglesia. La masiva participación de ganaderos de toda la isla hacen de este festejo, entre aromas de carne asada, buen queso y tragos de vino de tea, el más esperado por el pueblo.

  • Bajada de La Virgen: Fiestas Lustrales.

Santa Cruz de La Palma .

Entre los meses de junio y agosto en Santa Cruz de La Palma se celebra cada lustro la Bajada de la Virgen de Las Nieves, patrona de la isla, renovándose así la disposición eclesiástica dictada en 1.676 según la cual la imagen bajó desde su santuario a la capital para interceder en una sequía que se cebaba sobre campos, gentes y ganados. El fervor popular motivó que este acto devoto se repitiese, a partir de 1.680, cada cinco años.

El último domingo de junio los romeros, ataviados con los trajes tradicionales de la isla, bajan desde el Real Santuario Insular por el camino del Planto las cuarenta y dos piezas de plata que componen el trono de la Virgen, para entregarlas en la iglesia de El Salvador, morada de la imagen durante su estancia en la ciudad. Con la bajada del trono comienza en Santa Cruz de La Palma la Semana Chica, en la que tienen lugar actos tan entrañables como la Pandorga, un desfile nocturno de faroles de papel con luz de velas de diversos colores y formas (estrellas, dragones...) que, llevados por niños, recorren las monumentales y oscuras calles del centro de la ciudad a los sones de la banda de música.

En la Semana Grande de la Bajada de la Virgen, que comienza el segundo domingo de julio, intervienen los mascarones (gigantes y cabezudos), que simbolizan personajes como la bruja, la luna de Valencia y el Biscuit. El miércoles es el día del Minué o Danza del siglo XVIII, que se celebra desde 1.945 (sustituyó a una Danza de Niños) con música diferente cada año, compuesta por el palmero Luis Cobiella Cuevas.

La noticia más antigua que se conoce, por ahora, de la Danza de los Enanos en Santa Cruz de La Palma, data de 1833. Don Manuel Díaz (1774-1863), sacerdote de la parroquia de El Salvador, hombre liberal para su época, y amante de las artes y los regocijos populares, hizo caretas de papel modelado para esta danza; en este siglo usó este mismo material Félix Martín Pérez, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de La Palma, hasta las últimas ediciones, en que se ha empezado a utilizar la fibra de plástico.

En 1905, Miguel Salazar, comerciante y responsable de la danza, idea e incorpora la transformación de hombres a enanos. En la primera parte, los danzantes representan cualquier personaje (monjes, japoneses, marinos, astrónomos, peregrinos, viejos, estudiantes, frailes, dominicos, atenienses...), mientras bailan y cantan, cambiando la letra y la música en cada edición. Por el contrario, la polka que acompaña la Danza de los Enanos en la segunda parte es, desde 1.925, siempre la misma, creada por el compositor palmero Domingo Santos Rodríguez. En tan sólo unos segundos los danzantes se transforman en enanos, al tiempo que inician el baile de la rápida y emocionante polka tocada por la Banda Municipal de Música de San Miguel. De la plaza de Santo Domingo, la comitiva de enanos se traslada a las repletas y adoquinadas calles de la capital donde continúan bailando durante toda la noche, hasta que los primeros rayos del sol se reflejan en los mástiles del barco de la Virgen, en La Alameda, el último de sus escenarios, hasta dentro de cinco años.

  • Moros y Cristianos.

Barlovento

En el margen derecho de barranco del Pilón de Barlovento se celebra cada tres años, en el mes de agosto, la representación de la Batalla de Lepanto, en honor a la Virgen del Rosario. Desde media tarde, en el castillo musulmán ondea la bandera roja con su media luna, mientras la tropa turca presta guardia a esta fortaleza hecha de palos de monte y papel pintado.

En el supuesto mar, se ven avanzar, de repente, las velas blancas de un barco cristiano capitaneado por don Juan de Austria. Posteriormente, se produce un diálogo o parlamento entre el castillo y la nave que culmina cuando desde la fortaleza se dice: "Si es verdad ese presente / que ahí traéis a María / saluda tu artillería / y desembarca tu gente", respondiéndose desde el barco: "Saluda tu artillería / nosotros también los haremos / y entonces todos gritemos / ¡Viva la Virgen María!".

Por la popa del barco cristiano aparecen varios navíos y lanchones de velas negras en los que ondea la enseña musulmana, escuchándose gritos de "¡Viva Turquía!" que son respondidos con un "¡Viva la Virgen María!" desde el barco de don Juan de Austria. La batalla naval es inevitable, y el abordaje de la marinería cristiana acaba con la flota musulmana del imperio otomano. Sólo queda la toma del castillo, defendido por los moros. Las explosiones de artillería continúan aderezadas ahora con la lucha cuerpo a cuerpo, la toma de prisioneros y, finalmente, el izado de la bandera española a los sones del himno nacional.

Los musulmanes, maltrechos, con heridas simuladas, descalzos, cojeando y encadenado su jefe Alí Baja, son llevados prisioneros a la iglesia. A la puerta del templo aguarda la imagen de la Virgen a quien, sobre el barco cristiano que cierra el desfile, se le canta una loa. Después, entran todos en la iglesia, donde los musulmanes se convierten tácitamente al catolicismo, para más tarde salir, ahora ya sin cadenas, acompañando junto a los otrora enemigos a la Virgen del Rosario en procesión.

 

  • Fiestas del Diablo.

El municipio de Tijarafe, en la verbena que cada año tiene lugar en la madrugada del día 8 de septiembre, espera con impaciencia en la plaza de la Candelaria, junto a la iglesia, la irrupción del Diablo, que llega sigilosamente, para después estallar con estruendo en fuego y colores, música y olor a fiesta. Cientos de voladores y fuegos artificiales van saliendo de su cuerpo pintado de negro, antaño de lata y ahora de fibra. En su interior, un experto voluntario tijarafero lo baila animosamente al son de la orquesta que ameniza la verbena. Todos corren, y la gente se agolpa. Sin embargo, el diablo no logra vencer: una vez quemada la cabeza, termina apagado en su totalidad y emprende la huida. Un año más, la Virgen ha triunfado sobre el mal.

  • Caballos fuscos y fufos.

Fuencaliente.

El último domingo del mes de agosto de los años pares, a la puerta de la verbena se escuchan unos relinchos mientras suena el ritmo inconfundible de la Polka de los Caballos. Así comienza la suelta de los caballos fuscos en el municipio de Fuencaliente, ricamente vestidos con faldones terminados en flecos y caballeros trajeados de oscuro, con corbata y sombrero, que los montan envueltos por el humo de antorchas, bengalas y voladores.

El encargado de su construcción fue el carpintero Blas Cabrera Hernández, fallecido en 1.918, quien también construía figuras de toros, enanos y cabezudos. Le sustituyó en la tarea su hijo Cornelio, a cuya muerte la tradición se fue perdiendo poco a poco, hasta que en 1978 la recuperó Margarita Hernández y se incorporó a la fiesta de la Vendimia.

Tazacorte.

A finales de septiembre, durante las fiestas de San Miguel y al ritmo de la canción “Vuela, vuela, palomita” se bailan los caballos fufos, armazones de ligeras cañas envueltos en papeles de seda, que recorren las calles movidos por un hombre vestido de jinete. La banda municipal de música y las gentes del pueblo que van cantando la letra, cierran el cortejo. Dispuestos en dos filas paralelos, los caballos fufos se entrecruzan bajo la dirección del jinete de una esbelta jirafa que encabeza el grupo, desplazándose hacia adelante y hacia atrás, mientras bromean con los espectadores y les embisten al ritmo de su danza.

 
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